miércoles, 17 de mayo de 2017

Paleoautóctonas (4): Taxodium distichum

A pesar de estar constituidos por especies diferentes, los ecosistemas de los tres continentes que ocupan el Hemisferio Norte presentan evidentes similitudes. Aunque algunas especies tienen un área de distribución holárctica, lo que se observa generalmente es la presencia en las latitudes altas y medias del Hemisferio Norte de los mismos géneros y familias. Esa relativa homogeneidad en la composición florística de los ecosistemas del Hemisferio Norte fue aún más marcada antes de las glaciaciones cuaternarias. Muchos taxones que tuvieron representación en todo el Hemisferio Norte antes de las glaciaciones desaparecieron de buena parte de su área de distribución original y sobrevivieron en refugios a veces de muy reducida extensión. Esta considerable reducción del área de distribución afectó sobre todo a las taxones más termófilos. A consecuencia de ello, muchos de ellos presentan hoy en día áreas disyuntas (típicamente Norteamérica y Asia, como las Magnoliáceas) o han sobrevivido tan solo en Asia (Ginkgo) o en Norteamérica (Taxodium).



A este último género voy a dedicar hoy esta entrada. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos visto alguna película o reportaje ambientado en las zonas pantanosas del sur de Estados Unidos (Luisiana, Florida) y casi seguro que todos hemos contemplado con cierta incredulidad esos bosques desarrollados en zonas inundadas que nos parecen tan diferentes de lo que conocemos hoy en día en Europa. Uno de los principales resultados de los estudios paleobotánicos es el de haber puesto de manifiesto la presencia de bosques muy similares en nuestro continente hasta principios del Cuaternario. Además del ciprés de los pantanos, esos bosques también estaban constituidos por especies de géneros como Gyptrostrobus, hoy tan solo presente en Asia y muy próximo a Taxodium, o Nyssa.



Mina de Bílina, República Checa (Mioceno) - http://botany.cz/en/taxodium-dubium/




El ciprés de los pantanos es una especie norteamericana de la que existen varias variedades que difieren muy poco entre ellas morfológicamente pero que tienen preferencias ecológicas bien distintas. Se trata por un lado de las variedades distichum e imbricarium, propias de las llanuras costeras del sur de Estados Unidos (entre 0 y 100 m de altitud) y por otro lado de la variedad mexicanum (el ahuehuete), esencialmente riparia y que vive a altitudes mucho mayores (de 300 a 2500 m de altitud). Los restos fósiles encontrados en Europa y en el norte de Asia difieren muy poco de la especie actual. Se asignaron a una especie diferente (Taxodium dubium) que algunos autores consideran simplemente una subespecie de la actual. Es probable que esta especie tuviese más variedades en el terciario pero el caso es que los restos fósiles son morfológicamente muy parecido a la especie actual. Aunque el ciprés de los pantanos ha desaparecido por completo del continente europeo y tal vez estuviese representado en nuestro continente por alguna(s) variedad(es) diferente(s) de las actuales, no deja de tener sentido considerar el uso de esta especie para reconstituir los ecosistemas de finales del Terciario (Plioceno). Considerando las preferencias ecológicas de las distintas variedades y la orografía de nuestro país, la balanza se inclina claramente hacia el ahuehuete como variedad mejor adaptada a las condiciones de nuestro país.

Taxodium distichum var. mexicanumFamilia: CupressaceaeOrden: Pinales

Árbol decíduo en las regiones más frías o subperennifolio en las regiones más cálidas, de hasta 50 m de altura; tronco ensanchado en la base, de hasta 4 m de diámetro; corteza gris a castaño-grisácea, que se exfolia en largas tiras; copa anchamente cónica; ramas principales erectas a horizontales; ramillas terminales péndulas en los árboles maduros. Ramillas largas persistentes, con hojas escuamiformes de 2-4 mm de largo. Ramillas cortas decíduas, con apariencia de hoja pinnaticompuesta, de contorno elíptico, 4-10 × 0.7-1.4 cm, provistas de unos 20-60 pares de hojas en disposición dística, lineares, planas, finas y flexibles, con una vena media de 0.15-0.25 mm de anchura y 4 o 5 bandas estomatales bien separadas, bandas marginales 0,2-03 mm de anchura, ápice mucronado. Conos masculinos ovoideos, prácticamente sésiles, dispuestos en largas y laxas panículas espiciformes de (5-)13-25 cm. Conos femeninos glaucos, ovoides, 1,5-2,5 cm.



Aunque el ahuehuete se cultiva muy poco en nuestro país, es sin embargo muy conocido por los madrileños, que se enorgullecen del espectacular ejemplar presente en el parque del Retiro y que consideran el árbol más viejo de Madrid. Una afirmación que hay que matizar un poco. Muchas personas, en efecto, piensan que ese ejemplar fue traído a España por el propio Hernán Cortés. Esa afirmación, sin embargo, queda en entredicho cuando uno descubre los ahuehuetes que fueron plantados en el siglo XVII en el Jardín del Príncipe de Aranjuez. Todos tienen un tamaño impresionante que relega al estatus de enanito al ejemplar del parterre del Retiro. Uno de los dos ejemplares del Estanque de los Chinescos tiene unas proporciones realmente increíbles. La circunferencia de su tronco medida a una altura de 1,30 m es 6,72 m (13 de oct de 2014, Roeland Jacobs). Su altura es de exactamente 38 m (13 de oct de 2014, láser con el método de seno, Roeland Jacobs). En comparación, el ejemplar del parterre del Retiro tan solo mide 25 metros de altura y tiene un tronco con una circunferencia de 5,70 m. Lo más probable, en realidad, es que el ahuehuete del Retiro se plantase a mediados del siglo XIX a partir de semillas traídas de Aranjuez.



Jardín del Príncipe (Aranjuez) - https://arbolesdemadrid.wordpress.com/tag/ahuehuete/




El cultivo del ahuehuete a partir de semillas, en todo caso, no presenta ninguna dificultad. En febrero de este año sembré las semillas que recogí en noviembre del año pasado en el Jardín del Príncipe y que conservé en la terraza durante el invierno y el éxito ha sido tal que ahora mismo tengo decenas de pequeños ahuehuetes compitiendo entre ellos en una jardinera que parece un pequeño bosque...

martes, 9 de mayo de 2017

Paleoautóctonas (3): Zelkova carpinifolia

Quienes hayan visitado alguna vez el Real Jardín Botánico de Madrid conocerán sin duda el que es el árbol más grande del jardín: una espléndida zelkova del Cáucaso (Zelkova carpinifolia) cuya altura sobrepasa probablemente los 30 metros y cuyo tronco tiene un diámetro en la base de 3,85 metros. Con sus ramas erectas, su tronco liso y su copa estrecha, esta especie es muy reconocible en los parques en los que se ha plantado.

El ejemplar del Real Jardín Botánico de Madrid tiene, sea dicho de paso, un hermanito en el propio jardín, cerca de las instalaciones del CSIC. Es una especie muy rara en otros lugares, destacando otro ejemplar monumental en el Jardín Botánico de Valencia. Esta escasez contrasta con lo que sabemos de su distribución pretérita, ya que se trata de una especie que tuvo una presencia muy importante en buena parte del continente europeo hasta que el recrudecimiento de las glaciaciones, a partir del Pleistoceno medio, la hizo desaparecer de las penínsulas del sur del continente europeo. Su desaparición definitiva intervino sin embargo muy tarde en algunos lugares, habiendo logrado permanecer en la península itálica hasta hace escasamente 30.000 años. En la Península Ibérica, sin embargo, no logró pasar el umbral del Pleistoceno Medio.



En la actualidad, la especie a la que se atribuyen buena parte de los restos fósiles encontrados en Europa (Z. carpinifolia) tan solo sobrevive en el Cáucaso (bosque mixto del Cáucaso), el norte de Irán (bosque mixto hircano del Caspio), norte de Turquía (Ponto Euxino) y puntos aislados de Anatolia y del oeste de Irán. Cabe destacar, también, la presencia en dos islas del Mediterráneo de dos especies relictuales pertenecientes al mismo género, que sobrevivieron milagrosamente. Una de ellas (Z. abelicea) sobrevivió en las montañas de la isla de Creta, donde sus poblaciones sufrieron los efectos del pastoreo, siendo escasos los ejemplares que alcanzan cierto tamaño (10 m). El mismo problema sufría la otra especie que sobrevivió milagrosamente en Sicilia (Z. sicula), donde los ejemplares de porte arbustivo que se encontraron ni tan siquiera lograban alcanzar el suficiente desarrollo para poder reproducirse sexualmente. Una especie que muestra evidentes signos de debilitamiento (esterilidad) y que se cultiva hoy tanto in-situ como ex-situ, en un intento de favorecer su recuperación y de incrementar su variabilidad genética. Nadie sabe, a ciencia cierta, que aspecto tiene este árbol ni que dimensiones puede alcanzar. Probablemente no sobrepase los 10 m que alcanza la especie cretense.

Zelkova carpinifoliaFamilia: UlmaceaeOrden: Urticales

Árbol decíduo de hasta 35 m de altura. Tronco acanalado, que se divide en numerosas ramas erectas, de corteza lisa que se exfolia en los individuos más viejos, dejando aparecer parches anaranjados. Hojas brevemente pedunculadas (< 2mm); limbo que raramente supera los 5(9) cm de longitud, elíptico u oblongo, brevemente atenuado en el ápice, de base asimétrica, con 6-12 pares de venas que acaban en un grueso diente obtuso y mucronado; haz a veces rugoso, envés con pelos sobre las venas. Fruto ca 5 mm de diámetro.

Zelkova 


Árboles decíduos. Ramillas nunca espinosas, suberosas o aladas. Estípulas 2, libres, linear-lanceoladas, caducas, que dejan una pequeña cicatriz transversal a cada lado de la base de la hoja. Hojas dísticas, de margen aserrado a crenado; venación pinnada, con venas secundarias que se extienden hasta el mágen de la hoja, acabando cada una en un diente. Flores polígamas, que aparecen al mismo iempo que las hojas. Flores masculinas en fascículos en la axila de las hojas proximales de las jóvenes ramillas. Perianto campanulada, 4-6(7)-lobado. Estambres en igual número que los lóbulos del perianto, con filamentos cortos, eractos. Flores femeninas y hermafroditas generalmente solitarias o, más raramente, en fascículos de 2-4 flores, en la axila de las hojas distales de las jóvenes ramillas. Perianto 4-6-partido, con tépalos ibricados. Estaminodios ausentes, raramente desarrollados. Ovario sésil; óvulo péndulo. Estilo excéntrico. Drupas oblícuas, dorsalmente carinadas; endocarpo duro; perianto persistente; estigmas picudos. Semillas ligeramente aplanadas, de ápice cóncavo; endosperma ausente; embrión recurvado; cotiledones anchos; ligeramente emarginados o bilobados en el ápice. 2n = 28.



Las zelkovas pertenecen a la misma familia que los olmos, de los que difieren por el tipo de fruto (una sámara alada en Ulmus, una drupa áptera en Zelkova). Esta diferencia explica probablemente que las zelkovas sufrieran mucho más los efectos de las glaciaciones, al no tener la misma capacidad de dispersión que los olmos, que tras la última glaciación lograron reconquistar rápidamente el terreno perdido. Este género tuvo una distribución holártica en el Tericario pero desapareció por completo de Norteamérica y de la práctica totalidad de Europa, sobreviviendo 3 especies en Asia oriental (Z. sínica, Z. serrata y Z. schneideriana) además de las que hemos evocado anteriormente. Que yo sepa, la zelkova no se ha utilizado nunca en programas forestales en nuestro país. Tampoco he encontrado indicios de que se haya efectuado ningún tipo de ensayo con esta especie. Me parece sin embargo que la zelkova sería una especie muy interesante en aquellas regiones húmedas del norte y de nuestras zonas montañosas en las que la subida de las temperaturas podría favorecer especies más termófilas, actualmente ausentes de la flora de esas regiones.




La reproducción por semillas de la zelkova es aparentemente difícil. Además de tener una tasa de germinación muy baja, las semillas tienen además una dormancia difícil de vencer. De las semillas que sembré en febrero en mi terraza no ha crecido ninguna. Puede que alguna lo haga el año que viene pero de momento he de admitir que el resultado obtenido es un tanto desalentador...

domingo, 30 de abril de 2017

Paleoautóctonas (2): Pterocarya fraxinifolia



Una de las familias de árboles que más sufrió los efectos de las glaciaciones cuaternarias en el continente europeo es, sin lugar a dudas, la de las Juglandáceas. Aunque una especie – el nogal – logró sobrevivir en las penínsulas meridionales y otra – la que tratamos en este artículo – tan solo se encuentra hoy presente en el Cáucaso, en la periferia del continente, presentaba antes de las glaciaciones una rica diversidad de especies pertenecientes a géneros como JuglansCaryaPterocaryaEngelhardia, Platycarya, Cyclocarya, etc. Muchos de estos géneros tan solo sobrevivieron luego en el SE asiático y en Norteamérica, desapareciendo por completo del continente europeo. Desaparecieron primero las especies más termófilas (a finales del Plioceno), manteniéndose en nuestro continente tan solo los dos géneros actualmente presentes (JuglansPterocarya) y el género Carya, que sobrevivió en la Península Ibérica hasta el Pleistoceno medio y hasta fechas mucho más recientes aún en Anatolia. 



La pterocaria del Cáucaso es una especie presente en el W del Mar Negro, el Cáucaso y el N de Irán, con algunas poblaciones dispersas y aisladas en Anatolia y otros puntos más meridionales de Irán. Se trata de una especie termófila con unas altas exigencias en humedad, siendo su hábitat natural los bosques riparios. Como se puede ver en el mapa más abajo, la pterocaria del Cáucaso fue una especie muy difundida por todo el continente europeo a principios del Cuaternario (Pleistoceno Inferior). Fue, además, muy abundante, siendo en muchos lugares la especie dominante en el espectro polínico.




Su ausencia en la mayor parte del continente europeo fue realmente consecuencia del aislamiento en que quedó esta especie tras los episodios glaciares más recientes. A principios del Cuaternario (Pleistoceno inferior y medio), la especie logró regresar en varias ocasiones (interglaciares) pero no logró superar los últimos episodios - mucho más fríos - de esa era. El calentamiento sufrido por buena parte del continente europeo favorece en cambio, hoy en día, claramente esta especie que ya se ha naturalizado en algunas regiones (Surrey, Inglaterra).

Pterocarya fraxinifoliaFamilia: JuglandaceaeOrden: Fagales

Árbol de hasta 35 m, de rápido crecimiento, de copa ancha y redondeada, con la corteza profundamente fisurada. Hojas imparipinnadas que pueden superar los 60 cm de longitud, con 11-20 pares de folíolos sésiles, fuertemente aserrados, con unos 50 a 65 dientes a cada lado, puntiagudos, de unos 5-10 cm. Fruto de aproximadamente 1,8 cm de anchura, con alas semi-orbiculares.

Pterocarya:

Árboles, monoicos, a menudo con pequeñas glándulas peltadas, con resina, de color amarillo pálido –las que, al secarse, adquieren aspecto de escamas–. Ramillas de médula perforada. Yemas terminales estipitadas, en general desnudas, rara vez con 2-4 catafilos, prontamente caducos. Hojas caducas, par o imparipinnadas –por desaparición del folíolo terminal–; foliolos 5-21(-25), de margen serrado, con pelos simples o fasciculados, y glándulas, o sin ellas, a veces glabros, ± sentados o de peciólulos muy cortos; raquis alado o áptero. Inflorescencia masculina en amento, solitario o en grupos de 3-5, lateral o terminal, péndulo. Inflorescencia femenina en amento, de más de 10 flores, solitario o en grupos de 2-5 en panícula, terminal, péndulo en la fructificación. Flores masculinas de bráctea soldada al receptáculo excepto en el ápice, y éste, peque- ño, ovado o lanceolado y entero; bractéolas 2, soldadas al receptáculo y a los sépalos, de tal forma que en el conjunto hay 3-6 lóbulos ± desiguales; sépalos (1-2)-3(4); estambres 5-31; anteras glabras o pelosas. Flores femeninas de bráctea soldada por la base al receptáculo, pequeña, entera, no acrescente; bractéolas 2, casi libres en la cara abaxial y ± soldadas en la cara adaxial, acrescentes; sépalos 4, soldados al receptáculo en gran parte de su longitud; carpelos 2 –rara vez y en algunas flores 3–; estilo normalmente con 2 ramas estilares, recurvadas, con la zona estigmática hacia el interior. Fruto samaroide; nuez con 2 ó 4 lóculos en la base, de pared ± pétrea; ala 1, completa y ± circular, o 2, laterales y de semicirculares a ± lineares –en todo caso, proceden muy principalmente de las bractéolas–. Semilla de cotiledones con 2 lóbulos pequeños cada uno.


Navarro C. & Muñoz Garmendia F. / in: Castroviejo & al. (eds.), Flora iberica vol. 9 / http://www.floraiberica.org / Licencia: Creative Commons


Se trata de una especie relativamente poco cultivada. La mayoría de las pterocarias cultivadas en nuestro país pertenece a la especie oriental (P. stenoptera) o al híbrido de ambas (P. x rhederiana). Según el catálogo publicado por el Ayuntamiento de Madrid, se habrían plantado 347 ejemplares de esta especie en el proyecto Madrid Río pero no tengo demasiado claro que realmente correspondan a esta especie (habrá que verificarlo in-situ). Su cultivo no parece que entraña muchas dificultades. La región de la que es originaria tiene un clima de tipo submediterráneo muy parecido al nuestro y si se cumplen los requerimientos hídricos de esta especie, debería prosperar sin muchas dificultades. Su propagación por semillas no parece demasiado problemática. Sin ningún tratamiento previo (salvo el de conservar las semillas en la terraza), he conseguido que germinaran tres semillas y tengo muchas esperanzas de lograr que se desarrollen los ejemplares conseguidos…

jueves, 20 de abril de 2017

El pitósporo y el bonetero del Japón a la conquista del Levante



Hace algunos años, paseándome por la calle principal de la playa de Moncofar (Castellón) observé un curioso detalle al que no di entonces demasiada importancia. Sobre el tallo de una palmera, surgiendo entre las bases cortadas de dos hojas, vi lo que parecía una rama pinchada en el tronco de la palmera. Provista de hojas lustrosas de forma típicamente obovada, no me resultó difícil reconocer un arbusto que estaba presente a pocos metros en los jardines vecinos. Como podéis observar en la fotografía que reproduzco a continuación se trataba en efecto de un jovencísimo ejemplar de pitósporo que germinó sobre el tronco de la palmera, como hacen otras muchas especies de plantas. Al año siguiente la "ramita" había desaparecido, víctima de una limpieza efectuada por el servicio de jardinería del ayuntamiento. Me quedé, sin embargo, con la sospecha de que esa especie probablemente era capaz de colonizar los medios que le eran favorables.



Queriendo comprobar este verano si las palmeras seguían colonizando los terrenos abandonados alrededor de la ciudad, me adentré en un pequeño naranjal abandonado en el que se había desarrollado ya un estrato arbustivo que en algunos tramos llega incluso a impedir el paso de una persona. A eso hay que añadir el considerable desarrollo que llega a alcanzar la madreselva y la cola de caballo, dos especies trepadoras que tras algún tiempo llegan a cubrir por completo los naranjos. En algunos lugares de esta misma región se unen a esas dos especies una liana exótica muy temida que alcanza un desarrollo muy importante: Araujia sericifera. No fueron palmeras, sin embargo, lo que llamó de inmediato mi atención en ese naranjal. Creciendo en la base de los naranjos, distintas especies de arbustos se han hecho fuertes en el “sotobosque” del naranjal, alcanzando en algunos lugares el mismo tamaño que los propios naranjos. Una de ellas es un representante de la vegetación original del lugar. Se trata del labiérnago, perteneciente a la familia del olivo y también ocasionalmente cultivada. Las demás especies, sin embargo, son más sorprendentes...



La especie que más llama la atención, por su porte y la peculiar disposición de sus hojas, es el pitósporo. Presente por doquier en el naranjal y en distintos estadios de desarrollo, resulta evidente el papel de las aves en su difusión, observándose el pitósporo casi exclusivamente en los naranjales abandonados y desarrollándose por lo general al pie de los naranjos. Tan solo me encontré un único ejemplar de pitósporo en un terreno abierto, donde las aves que transportan sus semillas no suelen transitar. Casi tan abundante como el pitósporo, el bonetero del Japón pasa sin embargo más desapercibido, teniendo sus hojas un color tierno muy parecido al de las hojas nuevas del naranjo. Su presencia queda más manifiesta en zonas en las que los naranjos se han secado por completo. Aunque pertenecen a familias diferentes, ambas especies comparten sin embargo algunas características que explican probablemente que ambas especies colonicen los mismos medios y que lo hagan siguiendo más o menos las mismas pautas. La similitud más evidente es el fruto y el modo de propagación de las semillas. Como se puede observar en las dos fotografías a continuación, el fruto de ambas especies es una cápsula que al abrirse libera unas semillas muy llamativas de color rojo-anaranjado que las aves consumen.


    

Esa dispersión ornitócora de las semillas también explica la presencia de otras especies exóticas menos abundantes en el naranjal como pueden ser la palmera canaria (Phoenix canariensis) y el molle (Schinus molle), ambas cultivadas con frecuencia en las zonas urbanas de esta región. Sería interesante ver como ese naranjal sigue evolucionando y como se desarrolla un tipo de vegetación absolutamente nuevo. Visto lo visto, probablemente acabaría formándose un bosque perennifolio de pitósporo, bonetero, molle y labiérnago dominado por los estípites de las palmeras canarias. Que ese naranjal haya permanecido en este estado hasta ahora probablemente sea una consecuencia inesperada de la crisis. Dudo mucho que este pequeño “neobosque” sobreviva por mucho tiempo. Resultaría, sin embargo, muy interesante observar su evolución, por mucho que las especies que ocupan ese naranjal sean especies exóticas absolutamente denostadas por los naturalistas más ortodoxos. De cara al futuro, creo sin embargo que el estudio de casos como éstos tiene mucha relevancia y podría enseñarnos mucho acerca de cómo se establecen nuevos equilibrios, por muy extraños que estos nuevos equilibrios nos puedan parecer…

sábado, 25 de marzo de 2017

Paleoautóctonas (1): Eucommia ulmoides

Con esta entrada inicio una pequeña serie de artículos dedicada a las especies de árboles que estuvieron presentes en nuestro país hasta el momento en que las glaciaciones cuaternarias hicieron desaparecer la mayor parte de ellas. El resultado de las glaciaciones fue un sensible empobrecimiento de nuestros bosques, hoy dominados por muy pocas especies (la mayoría de ellos por tan solo una especie). Nada que ver con los bosques del Plioceno o del Pleistoceno inferior, en los que convivían decenas de especies y que presentaban muchas similitudes con los actuales bosques de Norteamérica y de China, en los que sobrevivieron muchísimas más especies.



La primera especie que quisiera haceros descubrir es, como el ginkgo, originaria de China y tan solo debe a una particularidad única el haber sobrevivido hasta ahora. Se trata de un árbol de tamaño medio que sufrió una sobre explotación tan importante que llegó a desaparecer casi por completo en su hábitat primario. Lo que salvó este árbol de una completa desaparición es el hecho de tener interesantes propiedades farmacológicas y, sobre todo, el hecho de producir látex. Se trata, en efecto, del único árbol de las zonas templadas que produce látex. Una característica que pronto atrajo la atención de los investigadores extranjeros, que quisieron aclimatarlo en sus países para explotar su látex. Esas experiencias, sin embargo, no fueron demasiado concluyentes aunque se siga explotando con tal fin en China, donde el látex de la Eucommia se utiliza para diversos menesteres como para aislar cables o producir empastes dentarios.



Aunque se desconoce la ecología exacta de la especie, esta tiende a aclimatarse allá donde se cultiva, lo que no deja de ser una buena señal de cara a la recuperación de una especie que tuvo en el pasado una extensión muchísimo más amplia. Aunque esta especie sea e l último representante de un linaje que probablemente estuvo representado por distintas y variadas especies, el caso es que los fósiles más recientes de este género (Plioceno y Pleistoceno) suelen atribuirse casi siempre a esta especie o a su directo antecesor (Eucommia cf. ulmoides).

Eucommia ulmoidesFamilia: EucommiaceaeOrden: Garryales

Árbol de hasta 20 m de altura. Tronco de hasta 50 cm de diámetro; corteza gris-castaña, escabrosa. Ramas jóvenes de color castaño-amarillento, al principio pubescentes, pronto glabras; ramas viejas conspicuamente lenticeladas. Yemas de un color castaño rojizo brillante; escamas 6-8, de margen puberulento. Hojas con pecíolo de 1-2,5 cm, esparcidamente viloso; lámina de haz verde pálido con la edad, 5-15 x 2,5-7 cm, inicialmente cubierta de pelos castaños, luego solo pubescente a lo largo de los nervios; 6-9 pares de venas secundarias laterales y venación reticulada de menor orden ligeramente prominente por el envés y cóncavas por el haz. Flores masculinas con estambres de ca. 1 cm, glabros; filamentos ca. 1 mm. Flores femeninas con ovario de ca. 1 cm, glabro. Sámara 2,5-3,5 x 1-1,3 cm; estípite 2-5 mm, articulado; pedicelo 1-3 mm. Semilla 13-15 x ca. 3 mm.


Fue, en el Plioceno y a comienzos del Pleistoceno, una especie frecuente y abundante en buena parte de Europa y de la Península Ibérica, donde convivía con numerosas especies de árboles caducifolios y persistentes. En China es una especie rara y dispersa con un amplio rango ecológico, observándose su presencia en bosques mixtos, bosques aclarados, bosquetes, montañas bajas, crestas, valles, barrancos secos y campos (Flora of China). Se trata, por otra parte, de una especie ampliamente cultivada que tiene localmente tendencia a naturalizarse. Vista la amplitud ecológica que demuestra, es muy probable que esta especie estuviese presente en nuestro país en una amplia gama de ecosistemas, tanto de la región mediterránea como eurosiberiana.


Se trata de una especie muy raramente cultivada en nuestro país. Existen, que yo sepa, dos ejemplares en el Real Jardín Botánico de Madrid (uno de ellos ya bastante crecidito) y... poco más. No he encontrado, en todo caso, ninguna referencia a otros ejemplares en otras regiones. Resulta curioso, en cualquier caso, que esta especie no haya despertado hasta ahora la curiosidad de nuestros ingenieros forestales. Claro que nadie era consciente hasta hace poco que esta especie fuese tan frecuente en nuestros bosques en aquella época. Ya veremos cómo se comportarán las Eucommias que sembré sobre mi terraza...

jueves, 19 de enero de 2017

La laurofilización de los bosques europeos

¿ Laurofilización ? No busquéis este término en Google. No lo encontraréis. Se trata, en efecto, de un término relativamente nuevo acuñado en Europa central y del norte para describir un fenómeno que se viene observando desde hace varias décadas en los bosques de esas regiones: el auge y la expansión de distintas especies perennifolias en los bosques de caducifolios. Son dos las regiones de Europa en las que se observa con más claridad este fenómeno. Dos regiones en las que se cultivan muchísimas especies ornamentales perennifolias desde hace muchísimo tiempo y cuyo clima favorece la expansión de estas especies: las regiones de clima oceánico del NW de Europa y el sur del Arco Alpino. En ambas regiones, los factores que determinan el éxito de estas especies son dos: un nivel de precipitaciones relativamente elevado y unas temperaturas invernales más bien suaves. En muchas regiones de Europa, no se cumple aún la segunda condición pero la rápida elevación de las temperaturas invernales a consecuencia del calentamiento global favorecerá claramente en el futuro la expansión de especies termófilas, muchas de las cuales efectuarán en realidad su regreso, ya que muchas de ellas o especies muy próximas estuvieron presentes en el continente europeo antes de las glaciaciones.


Fachada atlántica del NW de Europa

En la primera de estas regiones, correspondiente, grosso modo, a Irlanda, Gran Bretaña y puntos aledaños de la costa norte del continente, se ha aclimatado con muchísimo éxito una especie que conocemos bien en la Península Ibérica: el ojaranzo (Rhododendron ponticum). Tal como muestra la fotografía que reproduzco más abajo, el ojaranzo llega a constituir localmente impenetrables formaciones en las que muy pocas especies logran competir con él.



Knockmealdowns Mountains, Irlanda



El éxito de esta especie en esta región demuestra claramente el carácter “relictual” de la especie, que es consecuencia de los avatares climáticos que sufrió esta especie durante el Cuaternario y que no necesariamente refleja el auténtico potencial de la especie. Está claro, viendo el éxito que tiene en el norte de Europa, que esta especie podría tener un área de extensión muchísimo más amplia. De no haber sido una popular planta ornamental, es probable que seguiríamos considerándola hoy como una especie con unas exigencias ecológicas muy particulares. La realidad, sin embargo, es bien distinta y una ojeadita al mapa de su presencia durante el Pleistoceno nos da una imagen bien diferente de esta especie que probablemente estuvo presente en buena parte del continente europeo antes de las glaciaciones.


Otras especies perennifolias se han naturalizado en esta región pero lo han hecho a una escala mucho más reducida:  es el caso, por ejemplo, del laurel cereza (Prunus laurocerasus) y del chilco (Fuchsia magellanica). Pero resulta mucho más interesante el caso de otra especie que también conocemos bien: la encina (Quercus ilex). Ampliamente naturalizada en el sur de Inglaterra, a proximidad del litoral, se considera allá una planta invasora ! Este ejemplo ilustra bien, creo yo, el dilema al que nos enfrentamos con muchas especies. ¿ Tiene algún sentido considerar invasoras especies cuya expansión se ve claramente favorecida por el cambio climático ? Es interesante ver cuál es la previsión que han hecho los franceses de la expansión de esta especie de aquí a finales de siglo:



Como se puede ver, el área potencial de esta especie se desplaza hacia el norte, pudiendo incluso alcanzar puntos de la costa norte de ese país. ¿ Invasora pues la encina ?


Sur de los Alpes

La otra región de Europa en la que se observa la naturalización de varias especies perennifolias es el sur del arco alpino: Ticino (Suiza) e Insubria (Italia), una región a la que se suele llamar comúnmente la región de los grandes lagos. La especie cuya naturalización más ha llamado la atención en esta región es una palmera originaria de China que se cultiva con mucha frecuencia en nuestro país y en toda la región mediterránea: la Palmera de Fortune (Trachycarpus fortunei). En las regiones de clima mediterráneo puede llegar a ser subespontánea pero no llega a naturalizarse, ya que esta especie tiene unos requerimientos hídricos que el clima mediterráneo no cubre. En cambio, en el sur del arco alpino, esta especie y otras muchas especies exóticas de hojas persistentes encuentran tanto el calor como el agua que necesitan. Al ser, además, una especie muy llamativa, su naturalización no pasó desapercibida en los bosques del Ticino. No es, sin embargo, la única especie en haberse naturalizado en esta región. El gráfico que reproduzco a continuación muestra qué otras especies se han naturalizado en los bosques del Ticino (Suiza) durante las últimas décadas. Como se puede constatar, el fenómeno se inició ya en los años 60, pero se se prosigue en la actualidad.





Es interesante notar, sea dicho de paso, que esta región del norte de Italia fue una de las regiones de Europa en las que más tiempo perduraron las laurisilvas en la transición del Plioceno al Pleistoceno. O sea, que esta región sea una de las primeras en ser “recolonizada” por las especies laurófilas al alcanzar de nuevo las temperaturas invernales un nivel aceptable para ellas no resulta tan sorprendente. La única diferencia reside en el hecho de que este “regreso”, salvo el de las especies perennifolias autóctonas como el laurel, se debe al cultivo de estas especies por el hombre. Se da la casualidad, sin embargo, de que muchas de esas especies y géneros fueron elementos que estuvieron presentes en las laurisilvas terciarias del continente europeo. Cosa que no debería sorprendernos demasiado, puesto que gran parte de los géneros presentes en las zonas templadas del Hemisferio Norte tuvieron una distribución holártica en el Terciario.


Península Ibérica

¿ Y qué hay de la Península Ibérica ? ¿ Se observa la naturalización de especies laurófilas en alguna región ? Es evidentemente en el norte de la Península y en la fachada atlántica donde cabría esperar la naturalización de tales especies. ¿ Existen evidencias de que este fenómeno esté ocurriendo en la Península Ibérica ? La especie lauroide exótica de la que más citas  hay en la Península Ibérica es el laurel cereza. Ampliamente cultivada, hay citas de esta especie de Galicia al País Vasco y en Cataluña. La palmera de Fortune, en cambio, tan solo ha sido citada en el País Vasco. Parece pues, de momento, que se trata de un fenómeno muy circunscrito en el norte de la Península. Caso aparte es la Serra de Sintra, en Portugal, en la que se han citado naturalizadas especies como Cornus capitata, Pittosporum undulatum, Persea indica, Hakea salicifolia y Fuchsia magellanica. Particularmente interesante el caso del viñátigo (Persea indica), especie que ha progresado en la Serra de Sintra y que es un elemento típico de las laurisilvas macaronésicas. Cabría preguntarse, constatando su expansión en esta sierra, si no pudieran aclimatarse ya en algunas regiones del continente europea muchas de las especies que quedaron relegadas en las islas durante el Cuaternario. De que sea posible parece que no cabe duda. Otra cosa es que lo permitamos. Y aquí nos enfrentamos, de nuevo, a las diferencias de criterio existentes entre los naturalistas. Los “conservacionistas” opinarán que no hay que intervenir de ninguna manera, aunque eso suponga la extinción de muchas especies, y los “adaptacionistas” (me he inventado el término) opinamos que el hombre tiene una importante responsabilidad en los cambios que están ocurriendo y que tenemos por lo tanto la obligación moral de mitigar en cierta medida las consecuencias de esos cambios.




Parque da pena, Sintra. Se entiende que una especie como el viñátigo se encuentre aquí tan a gusto...