sábado, 24 de septiembre de 2016

¿ Los biomas del Plioceno espejo del futuro ?



Reproduzco aquí un mapa que muestra una reconstrucción de los biomas existentes al principio del Plioceno en el oeste de la cuenca mediterránea, construido en base a lo que se sabe de la vegetación de aquella época. Os dejo la referencia en los comentarios (1). ¿ Porqué es interesante este mapa ? Sencillamente porque las condiciones climáticas del Plioceno son aquellas hacia las que vamos progresivamente debido al actual calentamiento del clima. Y las alcanzaremos aunque dejemos ya de emitir carbono en la atmósfera, sea dicho de paso.

El pasado tiene por lo tanto mucho que aprendernos de lo que probablemente ocurrirá en el futuro. ¿ Qué nos muestra pues este mapa ? En lo fundamental, se puede ver que la dicotomía que existe entre la España seca y la España húmeda seguirá existiendo. La diferencia fundamental es que al ser más elevadas la temperaturas, la vegetación de ambas zonas será diferente. En la España húmeda predominaban en aquella época los bosques de perennifolios de hoja ancha. O sea, dicho de otro modo, las laurisilvas. ¿ Cuál es el problema evidente en la situación actual ? Pues sencillamante que buena parte de esas especies ya no existen en el continente europeo...

La expansión en las últimas décadas de especies perennifolias como el laurel cerezo o la palmera de Fortune en los bosques centroeuropeos o del ojaranzo en Gran Bretaña y en algunas zonas aledañas demuestra claramente que algo está cambiando. Estas especies se ven claramente favorecidas por el cambio climático y gozan de una clara ventaja sobre las especies de la laurislva canaria: ¡ ya están presentes en Europa, cultivadas como ornamentales ! Su expansión era pues prácticamente inevitable.



Ojaranzos en el sotobosque de un bosque búlgaro (donde es autóctona). Las condiciones climáticas en el centro de Europa son cada vez más parecidas a las que prevalecen en los bosques  la región Póntica-Euxínica y del Cáucaso, favoreciendo el regreso de especies perennifolias como el ojaranzo (Rhododendron ponticum) y el laurel cerezo (Prunus laurocerasus).



Tiempo es, precisamente, de lo que no disponen muchas especies para efectuar su regreso al continente. La colonización de las islas macaronésicas por las especies de la actual laurislva fue un fenómeno muy progresivo. Dispusieron de miles o de cientos de miles de años para alcanzar esas islas. Aunque la probabilidad de que alguna semilla sea transportada del continente a esas islas es muy baja, bastó con que unas cuantas semillas alcanzaran ocasionalmente las islas durante ese tiempo relativamente largo para que se constituyesen las laurisilvas. Que ocurra ahora lo mismo en sentido contrario en un tiempo muy breve (un siglo apenas) es, sin embargo, prácticamente imposible.

Tal como hemos visto al evocar la tendencia expansiva que muestran en Europa Central las especies perennifolias introducidas como ornamentales, tal regreso tan solo podría hacerse con la ayuda del hombre. Y aquí es donde nos damos de bruces con los tabúes inducidos por nuestras creencias medioambientales. Aunque algunas especies de la laurisiliva ya podrían encontrar condiciones favorables a su desarrollo en algunos puntos del continente, tal como demuestra la presencia de majestuosos ejemplares de viñátigos y de tiles en algunos parques de Portugal, no dejan de ser, a ojos de los naturalistas más puristas, especies "exóticas". 


 
Frutos del viñátigo (Persea indica), especie.que junto al til (Ocotea foetens) tiene tendencia a naturalizarse en la Serra de Sintra (Portugal), a partir de los ejemplares cultivados en el Parque da Pena. De hecho, se les considera invasoras en ese parque (2). Fotografía: J. Damián Esquivel Díaz / Mediateca del Gobierno de Canarias.



Ese rechazo de los naturalistas a la introducción de cualquier especie exótica, exacerbada en nuestro país por los abusos que se han cometido para favorecer el cultivo de algunas especies foráneas para la producción de madera, explica probablemente que en nuestro país seamos reacios a introducir cualquier especie que no sea autóctona. El tiempo, sin embargo, va pasando irremediablemente y los efectos del calentamiento global se van haciendo cada vez más evidentes. Vamos descubriendo que nuestros bosques son mucho más frágiles de lo que parecía y situaciones como la de la Sierra de Baza nos muestran muy claramente cual es el talón de aquiles de nuestros bosques: la mayoría de ellos está dominado por muy pocas especies, generalmente una única especie. Nuestros bosques, en efecto, son pinares, encinares, melojares, hayedos, etc. Cuando cambian las condiciones medioambientales, no desaparece una especie, desaparece todo el bosque.

La posbilidad de que vuelvan al continente en que nacieron las especies que pueblan hoy en día las laurisilvas de las islas macaronésicas es, por ahora, tan solo eso: una posibilidad. Sabemos, viendo como fueron los ecosistemas en el pasado, que la evolución del clima favorece estas especies. También sabemos que solas no volverán y que necesitan del hombre para alcanzar las regiones del continente que les son más favorables. La pregunta, pues, esta lanzada: ¿ debemnos intervenir ? En la España actual la pregunta ya tiene respuesta: no. Ni los ecologistas ni las administraciones tolerarán que se introduzcan, por activa o por pasiva, especies exóticas. En otros países en cambio, parece que las mentalidades son más abiertas. Vuelvo a mencionar aquí el caso del cedro del Atlas, introducido en Francia en el siglo XIX y que los franceses consideran como una de las especies más prometedoras de cara al cambio climático. En España se plantó en algunos lugares pero no pasó de ser un simple experimento. Ironía del destino, parece que los cedros plantados en la Sierra de Baza se portan bien...


Bosquete de pinos resineros (Pinus pinaster), de gran porte, secos y afectados por insectos perforadores en el Monte de Los Frailes. Fotografía: Boletín Digital Sierra de Baza.



En cuanto a la España seca, me temo que las noticias son bastante peores. La vegetación era mucho más abierta en aquella época. En muchos lugares de nuestras mesetas predominaba una vegetación abierta en las que la única vegetación arbórea eran leguminosas (tipo acacias). Aquí también nos encontramos con que tal vez muchas de esas especies (mal conocidas) han desaparecido. Si os fijáis en el mapa, en el SE predominaban condiciones desérticas. O sea, que parece que se van a acentuar aún más las diferencias entre esas dos Españas climáticas..



(1) Fauquette S. et al. (1999) / Climate and biomes in the West Mediterranean area during the Pliocene / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, vol. 152, pp. 15–36.

(2) Alves J. et al. (2002) / Infestantes ambientais no Parque da Pena (Sintra) / Anais do Instituto Superior de Agronomia


martes, 23 de agosto de 2016

Sueño pliocénico

Esta primavera, las abundantes lluvias de los últimos días y el deshielo en la sierra han hecho aumentar el caudal del río hasta un nivel que no se veía desde hace bastantes años. Curioso por ver el aspecto que luce actualmente el pequeño bosque que plantó mi bisabuelo a principios del pasado siglo, me acerqué hasta el antiguo puente del ferrocarril, renovado recientemente tras una lamentable sucesión de accidentes. El río estaba totalmente desbordado y se dividía en varios brazos que aislaban pequeñas islas colonizadas por pequeños ahuehuetes de segunda generación. Parece mentira que en poco más de un siglo los ahuehuetes plantados en esta zona se hayan reproducido y empezado a colonizar zonas más apartadas de la ribera del río. Aún cubiertos de hojas, destacan a primera vista entre los árboles desnudos que conforman este peculiar bosque que el río ha anegado.




Mi pobre bisabuelo se quedaría con la boca abierta viendo el desarrollo que han alcanzado muchos de estos árboles. Los estoraques y los tupelos, actualmente con los pies en el agua, ocupan junto a los ahuehuetes las zonas más cercanas al río, a menudo inundadas en primavera. En zonas algo más altas y alejadas de la orilla del río, las pacanas y los plátanos alcanzan ya un tamaño comparable al de los álamos más viejos del lugar. También siguen vivas las zelkovas y los ginkgos, que han demostrado que pueden crecer en condiciones naturales fuera de los parques de nuestra ciudad.

Contemplando este bosquecillo, me quedé un largo rato pensando en lo difícil que le resultó convencer a sus coetáneos de principios del siglo XXI de la necesidad de adaptarse a los cambios que se avecinaban. Hoy este bosquecillo destaca sobremanera a orillas del Jarama, habiendo despertado desde hace tiempo el interés de otros municipios que veían con inquietud la vegetación de sus territorios sufriendo los efectos del espectacular aumento de temperaturas vivido durante el pasado siglo. Hoy a casi nadie se le escapa la necesidad de adaptarse al clima actual de nuestra región, tan diferente del que imperaba en tiempos de mi bisabuelo.

Leí hace poco que el clima actual se parece mucho al del Plioceno. No es de extrañar, en estas condiciones, aprender que los primeros ensayos llevados a cabo en el oeste de Francia con tilos y barbusanos hayan sido todo un éxito. Me da un poco de rabia constatar que más de un siglo más tarde otra vez se nos han adelantado los franceses. Ya tenían extensos bosques de cedros cuando nosotros apenas nos atrevíamos a plantar cedros y pinsapos en nuestras sierras. Resulta ahora que ya tienen laurislivas constituyéndose en distintos puntos de la fachada atlántica. En fín, como se solía decir en tiempos de mi bisabuelo, Spain is different...

No resisto la tentación, para cerrar esta brevísima nota, de reproducir a continuación la lista original de las especie que mi bisabuelo incluyó en su (para aquella época) revolucionario proyecto...



CANDIDATAS PARA LA CREACIÓN DE UN "PARQUE PLIOCENICO"


Carya illionensis

Se trata de una especie ribereña con una amplia área de repartición en Norteamérica. Al igual que el ahueheute, se desarrolla perfectamente en nuestro clima, alcanzando algunos ejemplares del Jardín del Príncipe de Aranjuez un tamaño espectacular.

Taxodium mucronatum

El "ahuehuete" es un árbol ribereño que se desarrolla perfectamente en nuestro clima. A diferencia del ciprés de los pantanos, que crece en las llanuras costeras del sur de los Estados Unidos, este ciprés alcanza altitudes importantes en el centro de México. Los espectaculares ejemplares del "Jardín del Príncipe" en Aranjuez dan buena fe de su perfecta adapatación a nuestro clima.

Liquidambar orientalis

El "estoraque" es un árbol que sobrevivió a las glaciaciones en algunas llanuras aluviales del S de Turquía, donde su explotación ha llevado esta especie a una situación muy precaria durante el siglo XX. Este árbol estuvo presente en toda la cuenca mediterránea antes de las glaciaciones y el establecimiento de una pequeña población ex-situ en la Península Ibérica contribuiría a asegurar la supervivencia de esta especie frente a los peligros que la amenazan. Se cultiva en los Jardines del Príncipe de Aranjuez desde el siglo XVII, siendo los ejemplares allí presentes probablemente los más altos de su especie.

Pterocarya fraxinifolia

Árbol presente en prácticamente toda europa antes de las glaciaciones, tan solo pudo sobrevivir en los refugios del E del Mar Negro y del S del Mar Caspio. Especie ribereña amenazada en su área de repartición actual cuyo "regreso" contribuiría a asegurar su supervivencia a largo plazo.

Nyssa sylvatica

Especie con una amplia distribución en Norteamérica. Aunque hubo varias especies de este género en Europa, no parecen apropiadas las especies más estrictamente acuáticas, que se desarrollan en terrenos pantanosos llanos. En este bosque de ribera la inclusión de esta especie selvática parece la mejor opción.

Platanus orientalis

Aunque el plátano se cultiva ampliamente en nuestras ciudades, me parece interesante incluir en este proyecto la especie realmente originaria de nuestro continente, que estuvo presente en toda la cuenca mediterránea hasta el último interglaciar.

A estas especies se podrían añadir algunas otras especies que, sin ser especies ripícolas, encontraron refugio durante el Plioceno en estas zonas que les aseguraraban los suficientes recursos en agua para sobrevivir en un entorno poco adaptado a sus necesidades:

Ginkgo biloba

Especie relictual que tan solo sobrevivió a las glaciaciones en contadas localidades del SE de China. Especie propia de bosques templados húmedos, sobrevivió hasta el Plioceno en el sur de Europa, en zonas de ribera.

Zelkova carpinifolia

Especie común en los bosques montanos del Cáucaso y de la vertiente norte de las montañas del Albroz (S del Mar Caspio), fue una especie común en los bosque decíduos europeos hasta el Plioceno. Sobrevivió en la Península Itálica hasta una fecha muy reciente (33.000 años). Como el ginkgo, parece que sobrevivió algún tiempo en los bosques de ribera y aluviales del S de Europa.




Actualización 23/11/2016

La realización de este proyecto sigue su curso. De momento me estoy centrando en conseguir semillas de estas especies. Mi última visita del Jardín del Príncipe me permitió recoger unas cuantas nueces de pacanero y varios conos de ahuehuete, que conservo sobre la terraza. Esos conos se han disgregado por completo al cabo de unos días y han liberado unas semillas que tienen muy buena pinta. Ojalá logre hacerlas germinar la próxima primavera.