lunes, 19 de junio de 2017

Nadando a contracorriente

El futuro, siento anunciarlo aquí hoy con tanta vehemencia, no será igual que ese pasado tras el que muchos andan corriendo. Pocos lugares quedan ya en nuestro país y en este continente que no hayamos alterado en mayor o menor medida y es prácticamente imposible que vuelvan a desarrollarse en el futuro los mismos ecosistemas que destruimos. No solamente han cambiado las condiciones ecológicas que propiciaron su desarrollo, sino que también han cambiado la fauna y la flora, desapareciendo muchas especies y llegando muchísimas otras. Dedicamos, hoy en día, millones de euros a perseguir las especies exóticas que nos "invaden" sin ver que en realidad nosotros mismos hemos creado las condiciones para que prosperen. Hagamos lo que hagamos, esas especies no van a desaparecer. Eso no impide, claro está, que sigamos trabajando para intentar recuperar o reconstituir ecosistemas. Pero de nada sirve hacerlo si no tomamos consciencia de que probablemente, al final, el resultado podría ser bien diferente del esperado. Diferente pero no necesariamente peor. Vivimos en un mundo cambiante y la evolución de nuestros ecosistemas es en buena parte impredecible. El pasado, sin embargo, nos da buenas pistas acerca de cómo podría ser esa evolución…

Se han sucedido durante el Cuaternario distintos episodios glaciares, interrumpidos por periodos interglaciares durante los que las faunas y floras cálidas intentaron repetidamente regresar a sus antiguos dominios. Leones, leopardos, antílopes, hienas, hipopótamos, arruis y un largo etcétera de especies "africanas" llegaron a poblar el sur de Europa durante esos periodos interglaciares. La originalidad del actual período interglaciar es que las especies ya no pueden moverse con tanta facilidad. Salvo alguna excepción, como el chacal dorado o el arrui, es muy difícil que especies como las que hemos citado puedan colonizar o recolonizar nuevos territorios. Por sus actividades, el ser humano ha truncado el regreso de muchas especies que fueron "eliminadas" en un pasado no muy lejano. Es el caso, por ejemplo, del león, aún presente en la Península Balcánica en la Antigüedad y hace apenas 8000 años en el norte de nuestro país. Favorecer el regreso de esas especies se inscribiría pues en la lógica de lo ocurrido en anteriores periodos interglaciares. Impedir el regreso de esas especies, sea dicho de paso, nos llevaría a una situación inédita, quedando muchos nichos ecológicos vacíos. La modelización del hábitat de las especies que conforman nuestra actual fauna y su aplicación a las condiciones climáticas de finales de este siglo apunta a una progresiva desaparición de las especies de ámbito eurosiberiano de buena parte de la Península Ibérica. Si no dejamos que especies mejor adaptadas a las nuevas condiciones, como el arrui por ejemplo, colonicen esos nichos vacíos, corremos el riesgo de asistir a una simplificación de nuestros ecosistemas que podría poner en peligro a muchas especies cuya permanencia depende en gran medida de que exista una gran heterogeneidad en nuestros ecosistemas.

Introducir bisontes en los pinares del Sistema Ibérico o en las dehesas extremeñas es un sinsentido. Arruis y antílopes serían los pobladores más lógicos de esos ecosistemas que se van a quedar huérfanos si persistimos en creer que deberíamos basar nuestros esfuerzos en reconstituir la fauna y flora del reciente Holoceno. Seamos realistas: el nivel de CO2 en la atmósfera no había sido tan alto desde finales del Terciario. Si, como es de esperar en base a lo que conocemos del pasado, las temperaturas se ajustarán al actual nivel de CO2 (se observa una estrecha correlación entre ambos), se quedarán muy cortos esos 2 grados que la comunidad científica se ha fijado como límite de la subida de las temperaturas. Así que las cosas son bastante sencillas en realidad: o no hacemos nada y esperamos a ver qué pasa en un mundo tan intervenido por el hombre, o nos ponemos de una vez manos a la obra e intentamos facilitar esas migraciones que necesariamente tendrán (y tendrían ya) que ocurrir (o haber ocurrido). No creo, personalmente, que los bisontes o las cabras montesas de repente muten y se adapten a sobrevivir en los áridos ecosistemas del SE, que ganarán mucho terreno en la Península en un futuro mucho más cercano de lo que pensamos.

Así que dejemos de nadar a contracorriente, seamos pragmáticos y empecemos a creernos lo que nos cuentan los modelos de los climatólogos, que no son, sea dicho de paso, especialmente pesimistas (por evidentes razones políticas). Como geólogo que soy, me atrevo a decir que estamos volviendo a unas condiciones nunca vistas desde finales del Terciario (niveles de CO2 en la atmósfera). Saquen de ello sus propias conclusiones. ¿ Desmentirán las temperaturas las conclusiones de los geólogos, que observan que en el pasado el nivel de CO2 atmosférico y las temperaturas siempre han ido de la mano ? Podemos ignorar las conclusiones a las que llegan los climatólogos en base a los modelos que calculan (pobrecitos, no saben qué calculan) y podemos tachar de fantasiosa la historia que nos cuentan los geólogos (unos catastrofistas resentidos que intentan llamar la atención como pueden para obtener subvenciones). Sí, podemos seguir creyendo que el Holoceno sigue siendo ese mundo ideal que deberíamos intentar a toda costa reconstituir. Siento deciros que el Holoceno ha quedado ya muy atrás. O mejor dicho muy adelante, porque es un retroceso de varios millones de años el que está experimentando actualmente nuestro planeta. Negarlo es un fraude intelectual. Obviarlo, una grave irresponsabilidad. Que a estas alturas no asumamos aún realmente las conclusiones a las que llegan los climatólogos y nos obstinemos en reconstituir un mundo soñado me parece realmente preocupante...

miércoles, 17 de mayo de 2017

Paleoautóctonas (4): Taxodium distichum

A pesar de estar constituidos por especies diferentes, los ecosistemas de los tres continentes que ocupan el Hemisferio Norte presentan evidentes similitudes. Aunque algunas especies tienen un área de distribución holárctica, lo que se observa generalmente es la presencia en las latitudes altas y medias del Hemisferio Norte de los mismos géneros y familias. Esa relativa homogeneidad en la composición florística de los ecosistemas del Hemisferio Norte fue aún más marcada antes de las glaciaciones cuaternarias. Muchos taxones que tuvieron representación en todo el Hemisferio Norte antes de las glaciaciones desaparecieron de buena parte de su área de distribución original y sobrevivieron en refugios a veces de muy reducida extensión. Esta considerable reducción del área de distribución afectó sobre todo a las taxones más termófilos. A consecuencia de ello, muchos de ellos presentan hoy en día áreas disyuntas (típicamente Norteamérica y Asia, como las Magnoliáceas) o han sobrevivido tan solo en Asia (Ginkgo) o en Norteamérica (Taxodium).



A este último género voy a dedicar hoy esta entrada. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos visto alguna película o reportaje ambientado en las zonas pantanosas del sur de Estados Unidos (Luisiana, Florida) y casi seguro que todos hemos contemplado con cierta incredulidad esos bosques desarrollados en zonas inundadas que nos parecen tan diferentes de lo que conocemos hoy en día en Europa. Uno de los principales resultados de los estudios paleobotánicos es el de haber puesto de manifiesto la presencia de bosques muy similares en nuestro continente hasta principios del Cuaternario. Además del ciprés de los pantanos, esos bosques también estaban constituidos por especies de géneros como Gyptrostrobus, hoy tan solo presente en Asia y muy próximo a Taxodium, o Nyssa.



Mina de Bílina, República Checa (Mioceno) - http://botany.cz/en/taxodium-dubium/




El ciprés de los pantanos es una especie norteamericana de la que existen varias variedades que difieren muy poco entre ellas morfológicamente pero que tienen preferencias ecológicas bien distintas. Se trata por un lado de las variedades distichum e imbricarium, propias de las llanuras costeras del sur de Estados Unidos (entre 0 y 100 m de altitud) y por otro lado de la variedad mexicanum (el ahuehuete), esencialmente riparia y que vive a altitudes mucho mayores (de 300 a 2500 m de altitud). Los restos fósiles encontrados en Europa y en el norte de Asia difieren muy poco de la especie actual. Se asignaron a una especie diferente (Taxodium dubium) que algunos autores consideran simplemente una subespecie de la actual. Es probable que esta especie tuviese más variedades en el terciario pero el caso es que los restos fósiles son morfológicamente muy parecido a la especie actual. Aunque el ciprés de los pantanos ha desaparecido por completo del continente europeo y tal vez estuviese representado en nuestro continente por alguna(s) variedad(es) diferente(s) de las actuales, no deja de tener sentido considerar el uso de esta especie para reconstituir los ecosistemas de finales del Terciario (Plioceno). Considerando las preferencias ecológicas de las distintas variedades y la orografía de nuestro país, la balanza se inclina claramente hacia el ahuehuete como variedad mejor adaptada a las condiciones de nuestro país.

Taxodium distichum var. mexicanumFamilia: CupressaceaeOrden: Pinales

Árbol decíduo en las regiones más frías o subperennifolio en las regiones más cálidas, de hasta 50 m de altura; tronco ensanchado en la base, de hasta 4 m de diámetro; corteza gris a castaño-grisácea, que se exfolia en largas tiras; copa anchamente cónica; ramas principales erectas a horizontales; ramillas terminales péndulas en los árboles maduros. Ramillas largas persistentes, con hojas escuamiformes de 2-4 mm de largo. Ramillas cortas decíduas, con apariencia de hoja pinnaticompuesta, de contorno elíptico, 4-10 × 0.7-1.4 cm, provistas de unos 20-60 pares de hojas en disposición dística, lineares, planas, finas y flexibles, con una vena media de 0.15-0.25 mm de anchura y 4 o 5 bandas estomatales bien separadas, bandas marginales 0,2-03 mm de anchura, ápice mucronado. Conos masculinos ovoideos, prácticamente sésiles, dispuestos en largas y laxas panículas espiciformes de (5-)13-25 cm. Conos femeninos glaucos, ovoides, 1,5-2,5 cm.



Aunque el ahuehuete se cultiva muy poco en nuestro país, es sin embargo muy conocido por los madrileños, que se enorgullecen del espectacular ejemplar presente en el parque del Retiro y que consideran el árbol más viejo de Madrid. Una afirmación que hay que matizar un poco. Muchas personas, en efecto, piensan que ese ejemplar fue traído a España por el propio Hernán Cortés. Esa afirmación, sin embargo, queda en entredicho cuando uno descubre los ahuehuetes que fueron plantados en el siglo XVII en el Jardín del Príncipe de Aranjuez. Todos tienen un tamaño impresionante que relega al estatus de enanito al ejemplar del parterre del Retiro. Uno de los dos ejemplares del Estanque de los Chinescos tiene unas proporciones realmente increíbles. La circunferencia de su tronco medida a una altura de 1,30 m es 6,72 m (13 de oct de 2014, Roeland Jacobs). Su altura es de exactamente 38 m (13 de oct de 2014, láser con el método de seno, Roeland Jacobs). En comparación, el ejemplar del parterre del Retiro tan solo mide 25 metros de altura y tiene un tronco con una circunferencia de 5,70 m. Lo más probable, en realidad, es que el ahuehuete del Retiro se plantase a mediados del siglo XIX a partir de semillas traídas de Aranjuez.



Jardín del Príncipe (Aranjuez) - https://arbolesdemadrid.wordpress.com/tag/ahuehuete/




El cultivo del ahuehuete a partir de semillas, en todo caso, no presenta ninguna dificultad. En febrero de este año sembré las semillas que recogí en noviembre del año pasado en el Jardín del Príncipe y que conservé en la terraza durante el invierno y el éxito ha sido tal que ahora mismo tengo decenas de pequeños ahuehuetes compitiendo entre ellos en una jardinera que parece un pequeño bosque...