miércoles, 25 de abril de 2018

E pur si riscalda...

Si algo he aprendido durante los últimos meses y años que llevo interesándome por los temas relacionados con el calentamiento global y sus consecuencias es que resulta muy difícil convencer a las personas de la realidad de estos cambios y de la necesidad de actuar ya para que el calentamiento no nos pille en calzoncillos cuando se hagan sentir sus efectos más importantes. Aun siendo un cambio extremadamente rápido a escala geológica, no deja de ser difícil de percibir a escala de una vida humana. Las personas no tienen memoria más allá de lo acontecido en los últimos años y eso dificulta considerablemente la comprensión del fenómeno. Sin embargo, lo que hemos vivido hasta ahora es un simple aperitivo y creo que conviene recordar hoy lo que sabemos del calentamiento en curso. Primeramente que es bien real y que en regiones como el centro de la Península, el clima ya ha sufrido un cambio espectacular desde los tiempos preindustriales. Luego insistir en cuáles son las causas de ese calentamiento, de las que hoy en día nadie duda en el mundo científico. Y, por fin, ser conscientes de cuáles son las previsiones, elaboradas en base a complejos modelos matemáticos o, más simplemente, estudiando los climas del pasado.

1.- Patinando sobre el estanque del Retiro

Suelen decir nuestros mayores que cuando eran jóvenes los inviernos eran mucho más duros y duraderos que en la actualidad. Lo natural es pensar que están chocheando y que su memoria ya no es tan fiable como para creérselo así sin más. Hasta que un día te paras en el Rastro a mirar viejas fotografías y grabados y te encuentras con cosas como éstas:





El estanque del Palacio de Cristal el 17 de enero de 1914.

¿ Tanto ha cambiado el clima en Madrid como para que hoy en día pueda yo mantener la inmensa mayoría de mis cactus sobre la terraza durante todo el invierno sin tener que lamentar prácticamente ninguna pérdida ? La respuesta, una vez más, la encontramos en el Parque del Retiro, donde las temperaturas se miden de un modo regular desde finales del siglo XIX. Lo que nos muestra la evolución de la temperatura media anual en el parque del Retiro es que esa evolución no ha sido regular. Tras un primer período de relativa estabilidad, las temperaturas empezaron a subir poco a poco de principios del siglo XX hasta 1960. En la década de los 60, la temperatura media retrocedió ligeramente (sobre todo muy evidente en la serie del Puerto de Navacerrada) pero a partir de 1970 el calentamiento se aceleró considerablemente, aumentando la temperatura media más de dos grados desde entonces. Ni que decir que llevamos ya más de 5 décadas sin ver los estanques del Retiro helarse por completo...



Evolución de la temperatura media anual en la estación del Retiro de Madrid (curva roja) y del Puerto de Navacerrada (curva azul) según datos públicos de la AEMET.

En el mismo gráfico he reportado también la evolución de la temperatura media en la estación del Puerto de Navacerrada (curva azul). Como se puede ver, ambas curvas muestran la misma tendencia, quedando pues descartada la idea de que el aumento de la temperatura en Madrid pudiera deberse a un eventual “efecto isla” producido por la ciudad. Esta tendencia es similar en todo el centro de la Península. Si nos fijamos ahora en el valor de ese aumento, nos daremos cuenta que la temperatura media en Madrid ha subido, desde tiempos preinductriales, aproximadamente 2,7 grados. Es una subida considerable si la comparamos con el aumento global del planeta (0,8ºC): la temperatura en Madrid sube más del triple que a nivel global ! Así que os dejo calcular. Imaginad que la temperatura global suba esos 2 grados que la comunidad internacional se ha fijado como límite… ¿ Cuánto habrá subido la temperatura en Madrid ? Pues la friolera de 6 a 7 grados… Para haceros una idea, esto significa una subida de los pisos de vegetación de más de 1000 metros. En el Sistema Central, por ejemplo, esto supondría un cambio radical:




2.- De cómo las selvas del carbonífero están cambiando nuestro clima

¿ Qué fenómenos físicos son capaces de explicar el sostenido aumento de las temperaturas que observamos desde hace varias décadas ? Básicamente, la temperatura que hace en la superficie de la tierra se debe al equilibrio existente entre la energía que la atmósfera recibe del sol y la energía que esa misma atmósfera es capaz de retener. O sea, que no se pierde en el espacio. La composición química de la atmósfera es la que determina qué cantidad de calor es capaz de retener. Los gases que la componen, en efecto, retienen parte de la radiación que de otra manera se perdería en el espacio. Se llama “efecto invernadero” a ese fenómeno sin el cual no habría vida sobre la tierra. Algunos gases, como el CO2 y el metano, tienen un altísimo poder de retención del calor. Aunque su concentración en la atmósfera no es importante, desempeñan sin embargo un papel importantísimo en la regulación de la temperatura de la atmósfera. Tal como han demostrado los estudios de los gases retenidos en los hielos polares, la cantidad de CO2 y la temperatura media global de la atmósfera siempre han ido de la mano. O sea, que si sube la cantidad de CO2 en la atmósfera, aumenta el poder de retención del calor de la atmósfera. La relación es prácticamente matemática. Cosa que no es de extrañar, sea dicho de paso, puesto que es una consecuencia demostrada de la física de la atmósfera.



Pues bien, sabiendo que durante buena parte del siglo XIX y todo el siglo XX hemos estado quemando buena parte del carbono acumulado en los sedimentos de la tierra durante ciento de millones de años, ¿ se esperaba alguien otra cosa que lo que está ocurriendo ? El aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera es una consecuencia directa del consumo de hidrocarburos fósiles durante los últimos 150 años y la subida de la temperatura es una consecuencia lógica de ello. Todo el carbono secuestrado por las plantas desde el Carbonífero y almacenado en las entrañas de la tierra se está liberando de golpe en la atmósfera en apenas un par de siglos. Quienes afirman que esto no tiene consecuencias son, lisa y llanamente, unos mentirosos que ignoran hasta las leyes más elementales de la física.


3.- ¿ De vuelta al Plioceno ?

El año pasado la concentración de CO2 en la atmósfera franqueó la barrera de los 400 ppm. Dicho así pudiera parecer que la cifra no significa gran cosa. Para entender las implicaciones que tiene esto, es preciso insistir en un hecho crucial: no se alcanzaba tal nivel de CO2 en la atmósfera desde el Plioceno. A muchas personas, esto les parecerá anecdótico. Sin embargo, tal como se puede ver en la curva que copio a continuación, la temperatura media global en el Plioceno superaba en bastante más de dos grados la temperatura media global actual. Sabiendo que existe una estrecha relación entre la concentración de CO2 en la atmósfera y la temperatura media global, esto nos lleva a una conclusión inquietante: de seguir igual la concentración de CO2 en la atmósfera (no digamos ya nada si sigue subiendo), la temperatura media global debería seguir subiendo hasta alcanzar el valor que tenía en el Plioceno. O sea, que ahora mismo la temperatura no se ha equilibrado con respecto al nivel de CO2 de la atmósfera...



Pues nada, aunque imagino que tras leer este artículo, una mayoría de personas se habrá quedado tan pancha, me permito acabar este artículo dándoos unos cuantos consejos políticamente incorrectos de cara al futuro:

1.- Si vas a comprar una casa en la costa, no lo hagas en primera línea de costa o en zonas situadas a menos de 5 metros de altitud. De ser ciertas las predicciones de los científicos más pesimistas, tu casita (inversión) acabará siendo engullida por el mar.

2.- Si vas a repoblar alguna colina en el pueblo de tu infancia, no sigas al pie de la letra el consejo que te darán los ecologistas más acerrimos: además de recoger semillas de árboles del lugar, planta también semillas de árboles provenientes de hasta 1000 km más al sur y de hasta 1000 m por debajo que el lugar en el que piensas plantar tus arbolitos.

3.- No arranques sistemáticamente todas las plantas exóticas que veas. La mayoría de ellas han venido para quedarse. Los paisajes del futuro no se parecerán en nada a los que conociste cuando eras niño...

4.- La sequía que asola el SE de la Península puede parecer excepcional hoy en día pero será la norma en el futuro. Un auténtico desierto está a punto de desarrollarse en el SE de la Península Ibérica y algunos se obstinan en erradicar una especie como el arrui, prefiriendo ver bisontes y cabras montesas en lugares en los que estarían más a gusto las gazelas y los camellos...

jueves, 19 de abril de 2018

Paleoautóctonas (8): Ginkgo biloba

Os comentaba, en el artículo que dedicaba al árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides), que esa especie había visto su área de repartición reducirse drásticamente durante las glaciaciones, hasta el punto de ni tan siquiera saberse hoy cual fue su área de repartición natural. Algo muy similar ocurre con otro árbol chino que acumula los superlativos: la especie de árbol viva más antigua, más resistente a las enfermedades y más emblemática… Hablo, claro está, del ginkgo (Ginkgo biloba), una especie absolutamente única, perteneciente a un orden (Ginkgoales) que conoció su periodo de esplendor en la era secundaria. Una única especie (Ginkgo adiantoides) sobrevivió durante los últimos 55 millones de años, sin sufrir ningún cambio de consideración. Se suelen describir los fósiles del Mioceno y del Plioceno encontrados en buena parte del Hemisferio Norte bajo el nombre de Ginkgo adiantoides pero se trata de un convencionalismo. Esa especie, en efecto, es absolutamente indistinguible de la especie actual (Ginkgo biloba) y habría de considerarse, en realidad, como la misma especie. O, para no herir sensibilidades, como su descendiente directo (y único).


Hoja fósil del Paleoceno de Ginkgo adiantoides (Sentinel Butte formation, Dakota du nord, EE.UU.) / Fotografía: Carion Minéraux

EL ginkgo es una especie termófila que aguanta, incluso, cortos periodos de sequía. Desapareció del continente europeo relativamente temprano, víctima tanto del frío como de la probable desaparición de los vectores de sus semillas. En sus últimos reductos naturales, el ginkgo es una especie que se desarrolla preferentemente en grietas de rocas o en zonas perturbadas como las laderas de los ríos (levée), pendientes rocosas abruptas o bordes de roquedos. Su cultivo como planta ornamental, sin embargo, la ha extendido por todo el mundo, ya que tolera una gran variedad de suelos y de condiciones climáticas. La única limitación, entendible visto el tipo de medios en el que vive, es que el suelo debe estar bien drenado. Debido a su gran resistencia a la contaminación, se utiliza dese hace tiempo en Asia como árbol viario, siendo más reciente su uso en las calles de las ciudades españolas. Cabe destacar, en Madrid, la larga alineación de ginkgos de la calle Príncipe de Vergara. El ginkgo parece que está de moda hoy en día y esa es, sin duda, una muy buena noticia para ese auténtico fósil viviente.


Desarrollo de raíces aéreas (chichi) en la rama de un ginkgo de la Universidad de Tokio / Fotografía: Peter del tredici - Arnold ArboretumE

Su presencia en la Península Ibérica ha sido puesta de manifiesto por distintos estudios, tanto de macrorestos como de palinomorfos. Su presencia está bien documentada, por ejemplo, en la Cuenca del Duero (2) en el Mioceno. En el Mioceno de la Cerdanya se han encontrado macrorestos indiscutibles, asociados a géneros como Tsuga, Torreya, Buxus, Zelkova, Quercus, Acer y Populus (1). En Huelva, macrorestos del Plioceno interpretados como pertenecientes a esta especie son, sin embargo, más dudosos (3).


Óvulos / Fotografía: Peter del tredici - Arnold ArboretumE

Ginkgo bilobaFamilia: GinkgoaceaeOrden: Sapindales

Árbol de hasta 40 m, con un tronco que puede alcanzar los 4 m de diámetro; corteza gris clara o castaña-grisácea, fisurada longitudinalmente, en particular en los árboles más viejos; copa inicialmente cónica, finalmente anchamente ovoidea; ramillas largas de un color amarillo acastañado claro al principio, luego gris, internodos (1)1,5-4 cm; braquiblastos de color gris negruzco, densamente cubiertos de cicatrices irregularmente elípticas; yemas de invierno ovadas, de un color castaño amarillento. Hojasde color verde claro que se torna amarillo intenso en otoño, con un pecíolo de (3)5-8(10) cm; lámina de hasta 13 x 8(15) cm sobre los árboles jóvenes pero generalmente de 5-8 cm de anchura, las hojas de las ramillas largas divididas en dos lóbulos por un profundo seno apical, las de los braquiblastos con el ápice ondulado y escotado. Conos masculinos de color marfil, 1,2-2,2 cm; sacos polínicos en forma de barca, con una ancha apertura. Semillas elípticas, estrechamente obovoideas, ovoideas o subglobosoas, 2,5-3,5 x 1,6-2,2 cm; sarcotesta de color amarillo o amarillo anaranjado glauco, con un olor rancio cuando alcanza la madurez; esclerotesta de color blanco, con 2 o 3 costillas longitudinales; endotesta de color castaño rojizo claro.

Ginkgo 

Árboles decíduos, dioicos; tronco alto, muy ramificado; ramillas dimorfas, cortas o largas. Hojas alternas, dispersas y espiraladas sobre las ramillas largas, fasciculadas sobre las ramillas cortas, largamente pecioladas, flabeladas, de venación paralela, apretada, dicótoma, abierta, raramente anastomosada; base anchamente cuneada; margen recto, entero; ápice bilobado o emarginado. Estructuras reproductivas producidas en fascículos en la axila de las hojas escuamiformes del ápice de las ramillas cortas, antes de desarrollarse las hojas. Conos masculinos pedunculados, péndulos, amentiformes; microesporófilos numerosos, dispuestos en espiral, bastante laxamente; microesporangios 2, elípticos; sacos polínicos dehiscente longitudinalmente. Óvulos nacidos sobre un largo pedúnculo dividido dicótomicamente, a veces dividido en 3-5 ramas terminales; cada rama de ápice discoidas, portando un óvulo erecto, sésil; generalmente tan solo llega a madurar una única semilla en cada pedúnculo. Semillaslargamente pedunculadas, péndulas, drupáceas, con un único tegumento que se diferencia en una sarcotesta carnosa, una esclerotesta ósea y una endotesta membranosa; tejido del gametofito femenino abundante. Cotiledones 2(3). Germinación hipógea. 2n=24.





No os cuento como olían mis manos tras recoger esas "semillas"...

El cultivo del ginkgo a partir de semillas es de lo más sencillo. La parte más “delicada” siendo, tal vez, la recogida y la limpieza de sus semillas. El ginkgo, en realidad, no produce “semillas” en el sentido más estricto de la palabra. Los óvulos, desnudos, acaban de madurar e incluso de ser fecundados en el suelo. La parte exterior del óvulo es carnosa y tiene un olor a mantequilla rancia o a vómito muy persistente y característico. Eso hace que se suelan privilegiar los pies machos en los parques y jardines. Una vez eliminada la parte carnosa, las “nueces” limpias se pueden conservar a temperatura ambiente hasta la primavera. La tasa de germinación, al menos aquí en Madrid, suele ser bastante alta. Aunque por ahora tan solo estoy plantando Ginkgos en parques y jardines, mi idea es averiguar en qué lugares sería capaz esta especie de crecer sin ningún tipo de ayuda. A priori, veo factible su supervivencia a orillas de los ríos y al pie de la sierra. Tardaré unos añitos en averiguarlo. Así que os tocará ser pacientes…



(1) Hably, L., & Marrón, M. T. F. (2007). The first macrofossil record of Ginkgo from the Iberian Peninsula. Neues Jahrbuch fur Geologie und Palaontologie - Abhandlungen, 244(1), 65-70
(2) Rivas Carballo R. Valle M.F. (1986) / Nuevas aportaciones a la palinología del terciario de la Cuenca del Duero (Torremormojón, Palencia). / Studia Geologica Salmaticensia, Vol. XXII, pp. 133-143
(3) Muñiz F. et al. (1999) / Nuevos datos sobre macroflora del Plioceno en el Suroeste de la Península Ibérica (Lepe, Huelva, España) / Geogaceta, Vol. 25, pp.143-146